
ANTIGUA GRECIA. "EL GLAMOUR"
Bien. Todos conocemos que los griegos y romanos viajaron haciendo amigos “all over the world”. Egipto no fue una excepción, y se apropiaron de la idea ipso-facto. La cuna de la democracia y del pensamiento occidental actual consideró que era mejor dotar de cierta leyenda y misticismo a esta cosa nueva llamada espantapájaros. Cosa de griegos.
El mito más admitido sitúa el nacimiento de un tal Príapo en Asia Menor (concretamente en la región de Anatolia: Turquia en la actualidad), siendo Príapo hijo de un tal Dionisos (otra vez el alcohol, qué raro) y Afrodita (sin comentarios, … porque sólo falta el rock´n´roll en esta ejemplar familia). Hay guión señores, esto promete.
Aquí, aparece en escena Hera, hermana mayor de Zeus y atención: esposa ejemplar del gran dios del Olimpo. Básicamente su trabajo diario era presidir los nacimientos y los matrimonios de aquellos lares. Vaya curro, diox! Puedo explicar todo el embrollo familiar de este clan, pero nos llevaría a desarrollar guiones de telenovela que dejaría a la altura del barro cualquier culebrón venezolano. Perdón Venezuela.
Total, la tal Hera era conocida por su naturaleza celosa- vengativa y cuando se enteró del nacimiento de Príapo (rebobinando: nuestro personaje-espantapájaro), que era su hijastro e hijo de Afrodita ( que fue elegida Miss. Olimpo 2810 ac por Paris ) desarrolló un odio africano contra Dionisos y unos celos espectaculares contra la diosa del amor. Así que ni corta ni perezosa maldijo al niño para que naciese deforme.
La deformidad consistió en un pene de dimensiones extraordinarias. Aquí hay varias teorías de diferentes estudiosos de la mitología griega acerca de si realmente acertó Hera con la maldición o tuvo un mal día.
Afrodita, su madre “biológica”, temerosa de la burla de los dioses, lo abandonó en el monte, donde fue recogido y criado por unos pastores, que acabaron anonadados y temerosos rindiendo culto a su virilidad, lo cual no dice mucho a favor del ambiente democrático y de libertades de la Antigua Grecia.
Así nació Príapo como dios campestre, pero es sin duda su colosal pene lo que ha trascendido hasta nosotros (primera noticia). Hay incluso murales y jarrones donde se le representa con una especie de grúa que impide que “eso” toque suelo. Lo realmente interesante de estos elementos pictográficos es el nacimiento de la grúa como avance tecnológico.
Buscando otra utilidad al freaky de Príapo (voy a obviar unos sucedidos que asustan de verdad), decidieron que lo mejor era ponerlo rondando por los viñedos para que ni cuervos, ni ladrones robaran la preciada uva de la que emanaría el preciado vino que inspiró a los padres del pensamiento pre-moderno.
